Leishmaniosis canina como causante de diarrea crónica: ¿algo cada vez más frecuente?

La leishmaniosis canina producida por Leishmania infantum se considera una zoonosis potencialmente letal para humanos y perros, siendo este último el principal reservorio de la infección (Gramiccia y Gradoni, 2005). Es endémica en más de 70 países del sureste de Europa (región Mediterránea), África, Asia, América del Sur y Central, y también ha sido descrita en Estados Unidos (Petersen y Barr, 2009).

La leishmaniosis canina presenta un espectro amplio de signos clínicos con diversos grados de gravedad: la forma clásica produce una enfermedad consuntiva crónica que se suele acompañar de anemia, lesiones cutáneas y linfoadenopatía generalizada. Algunos perros presentan epistaxis, artritis, queratoconjuntivitis o uveítis y, en fases tardías, enfermedad renal crónica (Chang et al., 1985). El hallazgo de diarrea, bien sea de intestino delgado o de intestino grueso, varía entre diversos autores desde el 3-8% de los casos (Koutinas et al., 1999) hasta el 30% (Slappendel, 1988). Sin embargo, la mayoría de los autores consideran la diarrea crónica como una presentación clínica inusual (Blavier et al., 2001). Los autores están observando un número cada vez mayor de casos en los que se diagnostica leishmaniosis con sintomatología fundamentalmente digestiva, razón por la cual presentan este caso.

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