Las mascotas como centinelas de salud pública

Muchas de las enfermedades diagnosticadas con más frecuencia en los animales están causadas por patógenos que también pueden repercutir negativamente en la salud de sus propietarios y en los profesionales veterinarios, y por ello se consideran de importancia para la salud pública.

En consecuencia, la Organización Mundial de la Salud acuñó el término One Health, resaltando la relación existente entre algunas enfermedades que afectan a los animales y a las personas (One Health Comission, OIE). En este sentido, los animales de compañía pueden compartir bacterias, virus, parásitos y hongos con las personas, constituyendo en algunos casos un riesgo para sus propietarios al encontrarse en estrecho contacto con ellos. Además, perros y gatos entran frecuentemente en contacto con la fauna silvestre, actuando como “puente” de transmisión de ciertos patógenos al ser humano. Sin embargo, algunas enfermedades pueden detectarse antes en las mascotas que en las personas, lo que justifica el empleo de estos animales como “centinelas” de diversas patologías, permitiendo indicar la presencia de diversas enfermedades de importancia para el ser humano en una zona determinada, bien porque son más susceptibles a las mismas o porque simplemente se encuentran más expuestos a ellas. Esto suele deberse a diferencias en la dosis infectiva, en la gravedad de los signos clínicos y en la respuesta inmunitaria a la infección. Aunque los animales de compañía no son ideales como centinelas “intencionados”, pues suponen un riesgo de transmisión zoonótica o actúan como reservorios del patógeno, son valiosos centinelas “accidentales” al permitir estimar el riesgo de infección por ciertos patógenos presentes en el ambiente.

Dentro de los múltiples patógenos considerados zoonóticos, se ha estudiado el papel del perro y el gato como centinelas de aquellos vehiculados por garrapatas (Anaplasma, Borrelia, Ehrlichia y Rickettsia) u otros vectores (Dirofilaria immitis, Leishmania o Trypanosoma cruzi), así como de otros patógenos transmitidos por otras vías de infección como la orofecal (Toxoplasma gondii) (figura 1). Se ha demostrado que las mascotas son especialmente útiles como centinelas de aquellos transmitidos por garrapatas (Bowser y Anderson, 2018). Las garrapatas son los vectores de agentes infecciosos y parasitarios de mayor importancia en los países industrializados, y los segundos a nivel global tras los mosquitos (de la Fuente et al., 2008). En los últimos años se ha denunciado un incremento significativo del número de casos de las enfermedades vehiculadas por garrapatas tanto en animales como en humanos. Diferentes investigaciones han señalado como posibles causas el cambio climático, la gestión del hábitat, el aumento de las poblaciones de ciertos animales silvestres que actúan como hospedadores (entre los que destacan el ciervo y el corzo), así como el desarrollo de técnicas moleculares de alta sensibilidad que permiten un diagnóstico más eficaz de las mismas (Beugnet y Marié, 2009; Jameson et al., 2010; Jameson y Medlock, 2011; Jore et al., 2011). Las garrapatas y los patógenos que transmiten son una preocupación cada vez mayor tanto en medicina veterinaria como en salud pública (Fritz, 2009). Los perros y gatos suponen una fuente de alimentación para las garrapatas, transportándolas mecánicamente; además de ser susceptibles a numerosos agentes transmitidos por estos artrópodos, también pueden actuar como reservorios de patógenos que afectan a los humanos. Por ello, pueden emplearse como indicadores centinela del riesgo de infección regional (Fritz, 2009).

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