Biomarcadores de enfermedad renal en medicina canina

La enfermedad renal crónica (ERC) constituye una de las patologías más frecuentes en medicina canina. Se define como una anormalidad estructural y/o de la funcionalidad de uno o ambos riñones presente de manera continuada durante tres meses o más. La enfermedad implica la pérdida irreversible de la función renal y/o estructural, que permanece estable durante un cierto periodo de tiempo para, finalmente, presentar un desarrollo progresivo. Aunque se ha demostrado que su prevalencia aumenta con la edad, presentándose hasta en un 15% en los perros mayores de 10 años, puede ocurrir en todas las edades. 

Actualmente, el diagnóstico se realiza generalmente mediante pruebas laboratoriales convencionales que detectan cambios en la funcionalidad del riñón. Estas pruebas, consideradas como rutinarias, se llevan a cabo en sangre (creatinina y urea plasmáticas) y en orina (ratio proteína:creatinina o UPC y densidad). Su aceptación es muy generalizada y la International Renal Interest Society (IRIS), creada para la objetivación a nivel mundial de la enfermedad renal en las especies canina y felina, ha establecido una clasificación para el daño renal agudo (DRA) y para la ERC en estados ascendentes de gravedad, en función de la concentración de creatinina en sangre, y una subclasificación en función del UPC y de la presión arterial. 

Sin embargo, estas pruebas tienen limitaciones importantes, y sería deseable disponer de marcadores laboratoriales adicionales, tanto de la tasa de filtración glomerular (TFG) como del daño tubular, particularmente para la detección temprana de la enfermedad, cuando el tratamiento es más efectivo y el pronóstico es mejor (el incremento de la concentración de creatinina y urea en sangre no se produce hasta que al menos el 75% de las nefronas ya han sido dañadas). Además, los nuevos biomarcadores urinarios deberían ayudar también a identificar el segmento de la nefrona dañado. 

La investigación clínica en este sentido es muy activa en los últimos años. No obstante, y aunque los biomarcadores estudiados son numerosos, ninguno está instaurado de rutina en medicina canina en la actualidad, y la información es confusa a la hora de decidir su utilidad en función de los resultados obtenidos en los trabajos de investigación publicados. La clasificación IRIS, en su modificación de 2015, contempla el uso de la dimetil-arginina simétrica (SDMA) para la detección de los perros con enfermedad renal incipiente, aunque con algunas reservas.

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