Problemas neurológicos y de comportamiento

Tal y como ocurre en medicina humana, en veterinaria existe un relación bidireccional entre ciertos problemas neurológicos y alteraciones de comportamiento. Esto implica un desafío por parte del veterinario clínico a la hora de enfocar ciertos casos,  en los cuales puede resultar difícil determinar si el motivo de la consulta se debe a un proceso comportamental primario, secundario a un problema sistémico o neurológico subyacente, o a una combinación de ambos.

Neuroanatómicamente hablando, todo comportamiento animal está regulado por el sistema límbico, así como por sus múltiples conexiones con la corteza cerebral, en especial los lóbulos frontales. El sistema límbico se encuentra en la parte medial de los hemisferios cerebrales, y está formado por estructuras del telencéfalo, del diencéfalo y del mesencéfalo, muy relacionadas entre ellas. Recibe y asocia impulsos de los sistemas sensoriales olfatorios, ópticos, auditivos, exteroceptivos e interoceptivos, y proyecta principalmente en el hipotálamo y tronco encefálico caudal. Es el principal encargado de controlar aspectos psíquicos y motores del comportamiento, regulando, entre otras funciones, el aprendizaje, la memoria y las emociones. Como consecuencia, cualquier lesión estructural o funcional que afecte a dichas estructuras puede dar lugar a cambios de comportamiento, únicamente o conjuntamente con otros signos neurológicos [1].

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