Frotis sanguíneo vs. aparatos de hematología

Los avances tecnológicos en los analizadores hematológicos han permitido obtener resultados con mayor cantidad de información, en un menor espacio de tiempo y con mayor garantía, precisión y fiabilidad en los resultados. En general son aparatos simples, fáciles de usar y de mínimo mantenimiento que constituyen toda una revolución en el diagnóstico veterinario. Los instrumentos de última generación de hematología proporcionan el recuento numérico de las distintas células del torrente sanguíneo, así como el recuento diferencial de la serie blanca, reemplazando por completo de las clínicas veterinarias al tradicional y tedioso recuento manual. Los equipos realizan, como mínimo, un diferencial de tres poblaciones de glóbulos blancos (granulocitos, monocitos y linfocitos), y muchos ya diferencian cinco poblaciones (neutrófilos, eosinófilos, basófilos, monocitos y linfocitos; los de cuatro poblaciones no contabilizan los basófilos). 

Los clínicos veterinarios confían tanto en los resultados que ofrecen los analizadores hematológicos automáticos que se les olvida que siempre se deben realizar controles y calibraciones periódicas de los mismos. Los aparatos más sofisticados, a pesar de haber sido perfeccionados en los últimos años y ser capaces de determinar cada vez un mayor número de anormalidades, todavía tienen algunas limitaciones clínicamente poco relevantes, ya que han sido diseñados para identificar células sanguíneas normales. La mayoría de los analizadores disponen de unas señales que alertan cuando tienen dificultades para identificar ciertas células y que se debe recurrir al examen microscópico de la muestra mediante un frotis sanguíneo. Por tanto, estas señales hacen que los resultados en general sean de confianza, sobre todo en los aparatos de última generación. A pesar de todo, el clínico debe priorizar los datos de la historia clínica y examen físico y emitir un juicio crítico de los resultados de su equipo.

Sin embargo, algunos autores aconsejan mirar al microscopio no solo las muestras dudosas o problemáticas, sino todas, ya que no existen señales de alerta para todas las irregularidades o resultados cuestionables. El frotis sanguíneo es un componente significativo del hemograma completo y vital para el diagnóstico hematológico, pero desafortunadamente el uso de los nuevos aparatos electrónicos está provocando que el clínico caiga en el error de no realizar el estudio microscópico de la muestra sanguínea, que se debería de realizar independientemente de la técnica o aparato empleado para el recuento celular. Hay que apresurarse a señalar que muchos de los errores que pueden mostrar los aparatos son debidos a fallos humanos a la hora de recoger y manipular las muestras sanguíneas.

El propósito del presente trabajo no es determinar la deficiencia o las limitaciones de cada sistema o aparato hematológico (lo cual se puede encontrar en varios trabajos realizados con anterioridad), sino poner de manifiesto que el frotis sanguíneo es la técnica que se debe de emplear para confirmar y corroborar los datos que en ocasiones puedan omitir o malinterpretar los analizadores hematológicos.

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