Alteraciones sensoriales y problemas de comportamiento

La conducta de un animal puede definirse como la respuesta de su sistema nervioso central a la percepción de los estímulos externos por los órganos de los sentidos [6,7]. Los perros y los gatos poseen órganos sensoriales especializados para obtener información, biológicamente significativa, procedente del ambiente. Estos sistemas sensoriales recogen y procesan información química, física y mecánica y la transforman (transducción) en impulsos nerviosos codificados que, posteriormente, viajan hasta el cerebro. Una vez en el cerebro, la información percibida es procesada y codificada en un nivel superior, en forma de representaciones significativas sobre el medio ambiente que rodea al individuo. El animal depende totalmente de la fiabilidad de la percepción y del procesamiento de dicha información para relacionarse con el ambiente, propietarios y congéneres, cubrir sus necesidades biológicas y aprender del medio que le rodea. Cualquier alteración a nivel sensorial puede ocasionar en el individuo cambios de comportamiento importantes, que pueden llegar ser problemáticos para los propietarios o poner en compromiso el bienestar, tanto del animal como de las personas.

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